Tu perro y la vejez

08-03-12

 El envejecimiento de las mascotas es algo que está preocupando últimamente a los
veterinarios y a los dueños. Ser viejo no es una enfermedad. Hay que entender las
alteraciones propias del paso de la edad y distinguirlas de los procesos patológicos. Hay
que dotar de una aceptable calidad de vida a nuestros animales.

Estudios científicos están demostrando que la esperanza de vida es proporcionalmente
inversa al tamaño del perro, es decir, perros de razas grandes o gigantes suelen
envejecer antes que las razas pequeñas o miniaturas.

Los efectos de la edad tienen un gran impacto sobre las mascotas, pues suelen
ser irreversibles, progresivos, afectan a muchos órganos y se alteran mecanismos
fisiológicos vitales, aunque hay una gran variedad individual.

Lo primero que debemos saber es que las alteraciones que antes sobrevienen
normalmente son las de comportamiento: se altera el sueño, cambian los horarios,
duermen más durante el día y deambulan durante la noche por la casa, pierden
vivacidad, se interesan menos por los estímulos externos, hace falta llamarles varias
veces para salir a la calle, apenas inician ellos secuencias de juego, reaccionan de
forma tardía a atractivos tan grandes como una galleta de premio, a la llegada del
dueño, al crujir del papel de un caramelo o golosina ; también les cuesta orientarse más
que cuando eran jóvenes, se vuelven reacios a cambiar el itinerario de sus paseos, se
asustan frente a situaciones nuevas y no saben cómo resolverlas, se sorprenden frente
a estímulos luminosos fuertes, ruidos secos, personas extrañas y, por último, pueden ir
olvidando cosas ya aprendidas: pierden el interés por seguir un mismo horario, a veces
defecan y orinan en lugares inhabituales, ladran sin motivo aparente, etc, etc, etc.

El aspecto físico también cambia con la edad: normalmente se va adelgazando o
engordando según el individuo o, mejor dicho, suele cambiarse el tejido muscular por
el tejido graso, de forma que aparecen los “michelines”, aparece la flaccidez en varias
partes del cuerpo, la piel cambia también su aspecto, volviéndose más gruesa, el pelaje
suele perder brillo y suavidad, aparecen canas como en los humanos, tienen tendencia a
perder pelo, pelo que ya no se recupera…

Interiormente también hay cambios: el esqueleto óseo se va degenerando y se va
desmineralizando, las defensas disminuyen, la función renal se ve alterada,
la capacidad de termoregularse va disminuyendo (de forma que les afecta
enormemente tanto el frío como el calor); el tránsito intestinal se ve también afectado,
así van alternando hambre con anorexia, diarreas con estreñimientos; los dientes
comienzan a acumular sarro con todos los problemas que ello conlleva (infecciones,
endocarditis…). Los sentidos van disminuyendo: la audición baja, el olfato se reduce
(aunque normalmente es el que tarda más en alterarse), la agudeza visual se pierde y el
perro se vuelve menos resistente y más débil.

El corazón empieza a afectarse, de forma que comienza a descompensar su
funcionamiento y pueden comenzar las insuficiencias cardíacas, dilataciones,
edemas,etc.

Lamentablemente también la vejez es la época de la vida en la que más tumores
aparecen en nuestras mascotas.

Y volvemos a la misma recomendación de siempre: la observación de nuestras
mascotas. Ayuda mucho al veterinario el que el dueño le cuente su vida cotidiana en

casa. El profesional debe distinguir si su problema es patológico, si es realmente una
enfermedad, o si es “simplemente” producto de la edad.

No podemos combatir contra el paso de los años, pero lo que
sí está en nuestras manos es la prevención. Los chequeos geriátricos deberían estar al
orden del día: ellos son los que pueden advertir al dueño y al veterinario de los cambios
que, aunque inevitables, pueden ser más suaves y progresivos.

También los laboratorios veterinarios intentan mejorar la vejez del animal; así
pues, hay abiertas continuas líneas de investigación en productos médicos dirigidos
al envejecimiento cerebral, al deterioro cardíaco, al desgaste del aparato locomotor
y dirigidos a la nutrición del animal, añadiendo a su lista de productos alimenticios,
piensos o alimentos húmedos que coadyuvan al tratamiento médico.

La necesidad de compañía de las mascotas aumenta con la edad. No se la neguemos,
puede ser muy reconfortante para ellos. Y, como siempre, confíe en su veterinario.

Juan Carlos Cartagena